
Dra. Marcela Haydée Ruiz Vázquez
Profesora de tiempo completo del Sección de Empresa de Empresas
marcela.ruiz@udlap.mx
Con la colaboración de Alexandra Nicole Sánchez Lara
Alumna de la Carrera en Empresa de Empresas
A lo dadivoso de la historia, las empresas de manufactura del mundo han mostrado grandes cambios tanto en la forma de organizarse, como en sus procesos de producción. Todo esto con el fin de fijar un buen rendimiento de la empresa. Estos cambios que se han ido dando, sobre todo en los procesos de producción, han provocado que las competencias que se requieren por parte de los trabajadores, hayan sufrido grandes cambios.
Antaño de la Revolución Industrial, muchos productos comunes eran hechos a mano por artesanos especializados; para poder realizar un producto de esta naturaleza, una persona tenía que advenir por un proceso de educación de varios primaveras que le permitiera obtener las competencias necesarias para elaborar un producto de calidad. Por consiguiente, ayer de la Revolución Industrial, las competencias laborales requeridas en manufactura eran de adhesión cualificación.
La primera Revolución Industrial surgió en la término de 1780 en Gran Bretaña con la presentación de máquinas de vapor e hidráulicas. Este avance tecnológico permitió la utilización de la estría de ensamblaje en la producción, lo que dio como resultado un incremento en el número de unidades producidas. Sin retención, la forma de elaborar los productos cambió, dando circunscripción a la división de las tareas. En esta nueva forma de producción, un trabajador no necesitaba realizar todas las etapas para la fabricación de un producto, luego, sus competencias requeridas no eran tan altas. La división de tareas dio paso a la especialización y, por ende, a la descualificación de los trabajadores.
Durante la segunda Revolución Industrial (1860 a 1900) se incorporaron tecnologías de fabricación basadas en la electricidad. Esta incorporación de tecnologías a los sistemas productivos acentuó la división del trabajo encima de originar una disminución de la demanda de mano de obra, sobre todo en tareas ocupacionales que eran físicamente exigentes o peligrosas. Las competencias requeridas en esa época continuaron la tendencia de descualificación de la revolución previa.
La tercera Revolución Industrial incluso señal «la Revolución Digital» comenzó a principios de la término de 1970 y ha continuado hasta el día de hoy. Esta tercera revolución empleó la electrónica y la tecnología de la información (TI), para obtener una maduro automatización de los procesos de fabricación. Sin retención, el sistema de producción automatizado dio circunscripción a una polarización de las competencias laborales requeridas. Por un costado, las máquinas en esta época se diseñan con el fin de hacerse cargo de las tareas rutinarias de producción e incluso en labores de oficina realizadas en empleos de mediana cualificación. Pero, no pudieron sustituir fácilmente las tareas analíticas (investigar, analizar, evaluar y planear), interactivas (negociar, coordinar, organizar) y manuales (reparar o renovar) y no-rutinarias ubicadas tanto en la parte adhesión como desaparecido de la categoría ocupacional. Los trabajos ubicados en el medio de la distribución de competencias son, entonces, los más vulnerables al ser fácilmente sustituidas por la tecnología de automatización. La tecnología computarizada es entonces audiencia como complementaria tanto para empleos analíticos e interactivos que requieren una adhesión cualificación, así como para empleos manuales que requieren poca cualificación.
En el siglo XXI, la industria de manufactura enfrenta un desafío: adaptarse a las preferencias cambiantes del cliente. Los ciclos de vida de los productos son cada vez más cortos, luego, los sistemas de producción tienen que ser cada vez más flexibles. Contar con sistemas de producción que puedan adaptarse a las preferencias cambiantes de los clientes es, entonces, un multiplicador importante hoy en día para ser competitivos. Es así como se da la pauta para una cuarta Revolución Industrial (incluso denominada Industria 4.0) que se está construyendo sobre la tercera Revolución Industrial y se caracteriza por la utilización de sistemas de adquisición de datos y redes de computadoras, sensores, encima de sistemas de producción automatizados y autoevaluados, controlados por tecnologías basadas en la interconexión y el conocimiento. Dicha interacción permite la procreación de una prisión de valía dinámica para la fabricación de productos y servicios inteligentes.







