
¿Qué has comido el dia de hoy? ¿Considerarías que ha sido saludable o crees que fue perjudicial para tu cuerpo? La guisa en cómo nos alimentamos tiene mucho que ver en cómo nuestro cuerpo puede trabajar y desempeñar sus actividades diarias. Alimentarte saludablemente tiene una gran repercusión antaño de presentar un examen, hacer examen, adormecerse, incluso analizar.
Una de las frases que más me gustan de Hipócrates, considerado el padre de la medicina moderna es “que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina”. Y es que esta frase puede explicar muchas de las cosas que suceden en relación a nuestra lozanía. El ejemplo más claro: cuando comemos demasiadas cosas irritantes ¿qué sucede? nos arde el estómago y sentimos una sensación de brusquedad. De ese modo, aquello que nos alimenta, es lo mismo que puede dañarnos y enfermarnos. Así, la comida más allá de ser uno de los placeres de la vida, es uno de los rudimentos que pueden cicatrizar nuestro cuerpo.
Y en México, tenemos una relación de apego por la comida, digo contamos con una de las gastronomías reconocidas como caudal de la humanidad, sin incautación es necesario medirnos en la guisa en la que disfrutamos de ella.
Aquí es donde entra la alimento, entendida como una ecuación sencilla de entender: consistencia entre lo que comemos y lo que nuestro cuerpo necesita, siempre considerando la actividad física que realizamos.

Un país que necesita un consistencia
México es uno de los países que más necesitan de este consistencia alimenticio para mejorar los problemas de lozanía pública.
Según la Indagación Doméstico de Lozanía y Sustento 2012, el 71% de las personas en México padecen de sobrepeso y/o obesidad, al igual que la tercera parte de los niños y adolescentes. Esto es un situación tranquilo, ya que se calcula que el daño de la obesidad en estos menores es siete veces más suspensión.
Posteriormente de Estados Unidos, México ocupa el segundo división con este problema entre los miembros de la Ordenamiento para la Cooperación y Progreso Económicos (OCDE).
Hasta hace 40 primaveras el sobrepeso y la obesidad no eran un problema de lozanía pública en México, según datos de la Secretaría de Lozanía. Sin incautación, a partir de los cambios en nuestra dieta a la cual se incorporaron alimentos con suspensión contenido de azúcares y grasas, su bajo costo y accesibilidad se combinaron con un estilo de vida más sedentario, con mucho menos actividad física.
A esta situación se sumó una predisposición genética en los mexicanos para metabolizar de guisa distinta las grasas y azúcares dando como resultado la tranquilo flujo de sobrepeso y obesidad que ahora se vive.

Lo tranquilo del asunto es que necesitamos más manos
Frente a tantos mexicanos que padecen este problema, no existen suficientes nutricionistas para atenderlos, ya que de acuerdo con datos del INEGI, en el país existe un promedio de 2,4 especialistas en alimento por cada mil habitantes, un número muy bajo para combatir la dimensión del problema.
Este proscenio nos invita a reflexionar el momento presente y en lo necesario que son los profesionales de la lozanía expertos en este tema. Ya que de no alcanzar el ritmo de crecimiento necesario para atender esta situación, es probable que estos números sigan en aumento, derivando en problemas más graves, como diabetes, hipertensión y problemas cardiovasculares, acortando la vida de pacientes, hermanos, papás e hijos.
Al inspeccionar el problema, podemos hacer conciencia de la situación y proponer soluciones individuales y colectivas.

Los hábitos saludables son una inversión
Uno de los argumentos más claros para cuidar nuestra provisiones es: los hábitos saludables salen más baratos al avisar futuras enfermedades. Quizá sea muy sencillo proporcionar nuestro cuerpo de comida chatarra, sin incautación esta provisiones nos llevará a un exceso de sodio, azúcar, carbohidratos y más. Si no hacemos alguna clase de actividad física, este exceso se magnifica llevándonos probablemente a requerir cuidados médicos, para desmontar los niveles de colesterol, cuidar los niveles de azúcar en la mortandad y cicatrizar nuestros dientes. De ese modo, preferir una ensalada a una hamburguesa puede hacer la diferencia.
Recuerda seguir una dieta saludable, realizar actividad física, surtir un estilo de vida sano y consultar a los profesionales de la lozanía (tu médico y nutriólogo) de forma rutinaria, al menos una o dos veces al año. El nutriólogo te proporcionará orientación alimentaria y consultoría profesional, así como estrategias que te permitirán el cambio en torno a una vida más sana.
Necesitamos más profesionistas dedicados a hacer conciencia sobre los hábitos alimenticios. Conoce más de la Diploma en Sustento de la UNITEC y sé uno de ellos.








